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El blog de Mariano

La espiritualidad no es algo nuevo (I)

Desde tiempos antiguos han existido personas, grupos y movimientos sociales interesados en que se reconozca la importancia de nuestra vida espiritual. En algunos casos estas ideas han sido relegadas a conceptos poco serios, fantasiosos o relativos a la locura. En la actualidad, personas y personajes que podrían ser los primeros en negar la importancia de la espiritualidad, se encuentran en buscan de esta ayuda. Líderes políticos, científicos, atletas y jóvenes empresarios realizan diversas prácticas: meditación, reflexión, yoga y relajación con el fin de fortalecer su vida espiritual.

Igualmente la ciencia, que se había encargado de explicarnos el mundo físico, en la actualidad establece relaciones directas entre diversas enfermedades o acontecimientos de nuestra existencia provocados por un desajuste emocional o espiritual.

La preocupación y manifestación de muchas personas en el mundo nos ofrece la posibilidad de reconsiderar el camino y retomar el valor de nuestra vida espiritual para vivir en armonía, para pensar que el alma, el espíritu, no son sólo algo que surge de nuestro cuerpo sino que éste las manifiesta, que nuestra vida es una manifestación física de nuestra esencia.

¿Qué sucedería si realmente te hicieras consciente de esta idea? Empezarías a actuar en función de tus sentimientos, del amor a ti mismo y a los que te rodean.

 

#PiensaPositivo

Desde tiempos antiguos han existido personas, grupos y movimientos sociales interesados en que se reconozca la importancia de nuestra vida espiritual. En algunos casos estas ideas han sido relegadas a conceptos poco serios, fantasiosos o relativos a la locura. En la actualidad, personas y personajes que podrían ser los primeros en negar la importancia de la espiritualidad, se encuentran en buscan de esta ayuda. Líderes políticos, científicos, atletas y jóvenes empresarios realizan diversas prácticas: meditación, reflexión, yoga y relajación con el fin de fortalecer su vida espiritual.

Igualmente la ciencia, que se había encargado de explicarnos el mundo físico, en la actualidad establece relaciones directas entre diversas enfermedades o acontecimientos de nuestra existencia provocados por un desajuste emocional o espiritual.

La preocupación y manifestación de muchas personas en el mundo nos ofrece la posibilidad de reconsiderar el camino y retomar el valor de nuestra vida espiritual para vivir en armonía, para pensar que el alma, el espíritu, no son sólo algo que surge de nuestro cuerpo sino que éste las manifiesta, que nuestra vida es una manifestación física de nuestra esencia.

¿Qué sucedería si realmente te hicieras consciente de esta idea? Empezarías a actuar en función de tus sentimientos, del amor a ti mismo y a los que te rodean.

 

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¡Feliz 2017 para ti y tu familia!

Ahora sí estamos empezando el nuevo año, todos de regreso al trabajo, a la escuela, atrapando el ánimo y la energía para hacer de nuestro día lo mejor posible.

Y sí, siempre hay algo que podemos hacer para enriquecer nuestra vida en este nuevo año, pero hagámoslo sin despegar los pies de la tierra y no con propósitos inalcanzables que solo nos producen estrés y malhumor.

Eso sí, comienza apropiándote de tu vida, ponla en tus manos, toma decisiones, sueña, atrévete, sé el mejor en tu oficio, logra resultados y recuerda que nada, nada cambia o avanza hasta que tú te mueves.

Y para tu salud, que tal si sólo empiezas a comer cuando tengas hambre, si descansas cuando te sientas cansado, si duermes más para levantarte descansado y con energía, si haces una pausa antes de comer para respirar y asegurarte de que en tu plato haya lo que tu cuerpo necesita.

Nunca olvides que las cosas más importantes en la vida nada tienen que ver con “cosas”.

 

 

Mariano Osorio

#PiensaPositivo

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Di sí al desayuno   

El acelerado ritmo de trabajo característico de nuestros tiempos, ya sea como empleado, ama de casa, empresario o estudiante, suelen usarse como pretexto para salir de la casa cada mañana con el estómago vacío.

El propósito del desayuno es alimentar tu cuerpo después de las 6, 8 o 10 horas que estuviste dormido. Cuando privas a tu cuerpo de alimentos, impides la producción de glucosa, una sustancia indispensable para el buen funcionamiento de tu cerebro.

En otras palabras, el desayuno es el botón de encendido de tu metabolismo y, por ello, los especialistas señalan que no necesita ser muy abundante sino suficientemente nutritivo.

Para preparártelo tal vez tengas que robarle media hora al sueño, pero piensa que el tiempo dedicado al desayuno te será muy provechoso para nivelar tu energía y, con ello, tu estado de ánimo a lo largo de la jornada.

Intenta combinar de manera equilibrada los alimentos a lo largo de la semana, comprando pequeñas cantidades de diferentes ingredientes. Algunas personas se fijan una dieta de pan tostado y té por periodos largos y esto termina por fastidiarlos. Recuerda que no se trata de tener una alimentación mala y monótona sino de combinar de manera inteligente lo que comemos.

Tampoco es necesario preparar platillos elaborados que compliquen tu agenda de actividades y tu tiempo. Si tú eres el encargado de preparar los alimentos de la familia, muestra una actitud creativa y positiva hacia esta nueva forma de alimentarse, y pronto verás como los demás miembros de la familia estarán más motivados a participar. Si al principio se resisten, no los presiones, al cabo del tiempo, cuando empiecen a notar los cambios en ti, en tu nueva imagen, en tu estado de ánimo, estoy seguro de que querrán intentarlo.

Por ahora sólo concéntrate en la comida sencilla y saludable. Si esta etapa te resulta fácil y manejable, busca más información sobre el tema, toma cursos por correo o en persona, o bien pídele a tu doctor que te recomiende algunos libros.

Cambiar tus hábitos en cuanto al desayuno puede ser una buena estrategia para empezar tu plan. Inténtalo, hazlo tanto como te sea posible, busca nuevas ideas y encuentra la forma de disfrutarlo y facilitarte las cosas.

 

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Tu mente, ¿amiga o enemiga?

Cuando permitimos que nuestra mente se convierta en nuestra enemiga, ésta nos juega rudo, pues genera hábitos mentales que de verdad pueden estropearnos la vida.

Por ejemplo: empezar un día martes diciendo “me gustaría que fuera sábado”, o recibir tu sueldo pensando: “Si tan sólo ganara más”, si estuviera delgado, o fuera rubia o moreno, etcétera, tratando siempre de convencerte de la idea de que si todo esto sucediera entonces estarías más contento, menos preocupado o serías totalmente feliz.

Honestamente piensa si realmente sería diferente si pudieras ir a la playa de vacaciones, ¿realmente conseguirías relajarte?, o si tuvieras menos trabajo en casa, ¿pasarías más tiempo con los niños?, o si tuvieras otro tipo de trabajo, ¿llegarías a casa más temprano para estar con tu familia?

Este tipo de pensamiento es destructivo; es como poner la vida en espera y decidir ser feliz hasta que las cosas cambien por si solas. ¿Cuántas veces este tipo de personas dejan de apreciar las cosas buenas que hay en su vida por estar pensando en lo que no tienen? No me refiero a no desear algo más, o soñar en un futuro mejor, lo que es importante es darle el valor justo a lo que tienes y vives; darle crédito a tu presente, disfrutarlo y no vivir para un futuro imaginario. No importa cuáles sean tus sueños, no olvides tu presente.

No te permitas estas ideas destructivas, ponte alerta y cada vez que venga a tu mente el “si acaso…”, suprímelo, bórralo de tu mente y de tu vocabulario. No te ocasiones estrés ni insatisfacción de manera gratuita y tampoco sabotees tu presente.

Ya seas empleado, empresario, estudiante, ama de casa, soltera o casado, no olvides gozar y darle valor a tu vida y a lo que te rodea a cada momento y paso que des.

 

 

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Una historia que motiva

Hoy quiero compartir contigo la historia de un hombre de 94 años que acostumbraba hacer 80 sentadillas todos los días.

Increíble pero cierto. Les Chater, un hombre de origen canadiense realizaba  esa cantidad de sentadillas todos los días antes de tomar su desayuno.

Cuando contaba con 10 años se dio cuenta de lo bien que se sentía después de hacer ejercicio, y así lo hizo a lo largo de su longeva vida.

No se convirtió en atleta sino en ingeniero, pero el señor Chater aseguraba que sentirse bien y estar saludable siempre fue una prioridad en su vida y que gracias a ello llegó a esta edad conservando la agilidad y la independencia física que posee.

Este hombre estuvo encarcelado en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Y cuenta en su historia que aun en el pequeñísimo espacio que le permitía su celda y alimentado solo con arroz y agua, siempre encontró la manera de ejercitarse, lo que lo proveyó de la fuerza física y mental necesaria para resistir.

Además de sentadillas, este hombre de 94 años nadaba cuando menos 30 minutos cinco días a la semana y hacía levantamiento de pesas dos días de la semana.

Esto es solo un ejemplo de alguien que descubrió a muy corta edad la importancia y el medio para sentirse bien.

Tal vez tú no empezaste desde niño, pero aún estás a muy buen tiempo de encontrar el camino y de motivar a tus hijos, sobrinos o amigos a seguirlo contigo.

Crees que podrías, a media jornada de trabajo, subir y bajar tres veces unos 2 ó 3 pisos del edificio donde se encuentra tu oficina?, ¿O la del edificio donde vives?, ¿O quizá buscar un equipo de voleibol o básquetbol para jugar los sábados cuando menos una hora?, ¿O salir a caminar mínimo media hora cada tercer día? Te aseguro que una vez que des el primer paso y empieces a sentirte bien, se te ocurrirán otras interesantes ideas para ejercitar tu cuerpo.

 

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Lo imposible sólo toma un poco más de tiempo

Solo que al principio tienes que valerte de algunos trucos para ayudarte a no claudicar. Por ejemplo, si deseas cuidar de tu alimentación, cuando vayas a comprar la despensa evita a toda costa pasar por los pasillos de galletas, dulces, refrescos y pan. Haz una lista de lo que necesitas en casa y compra en el mercado o supermercado exactamente esos artículos. Evita en lo posible ir de compras antes de comer o cuando tienes hambre, y procura no llevar a tus hijos contigo, pues ellos siempre querrán visitar precisamente esas secciones que debes evitar.

Si acostumbras comer en tu oficina, créate el hábito de llevar tu propia comida. Cuando no te sea posible y salgas  con tus  compañeros a comer y les encanta comer tacos y hamburguesas, procura reducir tus porciones y compensa el hecho con una cena ligera que consista en una ensalada fresca de verduras; o bien puedes sugerirles a tus compañeros hacer una excepción en su menú habitual. Como antes mencione, siempre habrá alguien interesado en unirse a tu nuevo plan; motívalo y apóyalo, que él hará lo mismo contigo.

Ten en cuenta que no se trata de seguir una dieta rigurosa que te obligue a suspender de lleno el consumo de productos como tortillas, panes o galletas, si éstos son tu perdición.

Tampoco debes someterte a la tortura de contar las calorías de cada platillo para reducir el consumo de carbohidratos, o cosas por el estilo. Únicamente consiste en comer de una manera equilibrada y elegir, en lo posible, alimentos frescos y nutritivos.

Tienes que proponerte un plan flexible que vaya de acuerdo con tu ritmo de vida, el trabajo que desempeñas y tu propio organismo. No se trata de vivir martirizado por el deseo de un pedazo de pan o una tortilla sino tener en cuenta la cantidad y las porciones que te sirvas en tu plato e  incluir verduras, frutas en y, por supuesto, beber ocho vasos de agua a lo largo del día.

Algo muy importante es que no debes dejar de comer por el hecho de que no tengas alimentos sanos a tu alcance. Tu cuerpo necesita alimentarse regularmente para realizar bien todas sus funciones, incluida la evacuación. Por ello, es preferible comer poco de lo que haya a no comer nada, y procurar comer algo nutritivo en la primera oportunidad que se te presente, ya sea la cena, el desayuno o la comida que siga en turno.

 

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¿Consideras que el enojo es hoy como un sentimiento común?

Si miras a tu alrededor observarás que algunas personas ya se acostumbraron a sentirse enojados, y muy pocas se acostumbran  a ser maltratadas por aquellos que siempre están enojados.

Estas personas no se dan cuenta de que este sentimiento, actitud o estado de ánimo, no solo los aleja de sus seres queridos, de las personas con quienes convives en el trabajo afectando así tu vida personal y emocional, sino que además con toda seguridad perjudican considerablemente su salud.

Si pudieran verse al espejo cuando están enojadas notarían los  profundos círculos negros debajo de sus ojos y su boca seca, además de descubrir que en muchos casos sus frecuentes  dolores de estómago o de cabeza se deben principalmente a su mal humor.

Las causas del enojo pueden ir de las más insignificantes a las más profundas: algo que nos ha molestado desde niños, desde hace varios años o desde ayer por la mañana; también puede ser por miedo, temor, envidia o tristeza reprimida.

Si sientes enojo y no deseas sentirlo más, empieza por darte un poco de tiempo y de atención a ti mismo para escuchar a tu corazón, atender tus sentimientos y, principalmente, perdonarte por sentirte así. Con esto estarás dando el primer paso a disipar el enojo, a aminorar el daño no solo emocional sino físico que daña tu vida y tu salud.

Si no encuentras solución en un primer intento, no te desesperes, solo agradece el momento, tu vida, los dones que posees, la salud de tus hijos, el amor de tu pareja, tu trabajo, la salud de tus padres, tus bendiciones del día, tus alimentos, regresar sano a casa y descansar.

Escucha a tu corazón antes de reaccionar ante alguien. Permítete hacerlo con bondad en este día, cualquiera que sea la circunstancia. Ya verás que después esto se volverá un hábito, una nueva forma de ser.

 

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No olvides el valor de las personas

¿Sabes? El hábito de escuchar con compasión no surge de la noche a la mañana, pero sí puede surgirte el deseo de evitar la violencia, de vivir una vida en armonía. Cuando así sea, no lo dejes escapar, atrápalo en tus manos y atesóralo.

¿Cómo lograr crear este bello hábito? Cultivando el entendimiento, es decir, realmente escuchando lo que la otra persona dice y siente, sin asumir que ya lo sabes y atacarlo o demeritarlo.

Es cierto que cuando se discute es muy fácil perder el control y pensar que el otro no escucha ni pone de su parte. Cuando te sientas así, te sugiero hacer unos ejercicios de inhalación y exhalación por algunos 2 ó 3 minutos, mantenerte  en silencio tratando de no pensar en lo que sucede y enfrentar a la persona en actitud pasiva. Cuando ésta te vea tranquilo no sentirá la misma necesidad de defenderse o pelear.

Piensa que no necesariamente se trata de aceptar o concordar con quien discutes sino de entender qué dice y siente. Si lo miras a los ojos podrás entender mejor lo que trata de decirte.

En el caso de las parejas, cuando las discusiones han llegado a los límites e incluso buscan el divorcio, ya sea el hombre o la mujer suelen empezar a ver al otro como la persona más alejada de su vida, como un extraño, y por ello son capaces de ofenderla(o) o atacarla(o). Esto no debiera ser así, ya que después de años juntos e incluso de haber tenido hijos su relación jamás podrá ser ajena.

Intenta recordar en esos momentos que si bien esa persona ya no es más el amor de tu vida, es el padre (o la madre) de tus hijos, o simplemente alguien con quien compartiste años importantes de tu vida. Por esa razón seguirá siendo parte de ti, entonces le darás un valor especial y surgirá el empeño de resolver el problema de la mejor manera posible.

No esperes a que la otra persona tome la iniciativa, tómala tú y ten presente que de inmediato te beneficiarás al alejar los pensamientos de resentimiento y hostilidad que solo te dañan.

Escucha lo que tu corazón te dice, frecuentemente éste te dará el mejor consejo.

 

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De la intención a la acción

Tal vez mientras me acompañes en este blog te des cuenta  que es tiempo de aceptar que hay actitudes o formas de reaccionar que deseas cambiar para tener un mejor balance en tu vida, quizá ya has empezado a tomar conciencia del impacto que tienen tus pensamientos negativos en tu vida y en tu salud.

Esto quiere decir que ¡Tienes la intención de cambiar! ¡Felicidades! Esto es lo más importante. Ahora mismo podrías dar un gran paso e ir de la intención a la acción. ¿Cómo? Comprometiéndote a medir la calidad de tu vida a través de resultados y no de intenciones, pues una buena intención puede morir si no se lleva a cabo una acción correspondiente.

Quiero proponerte que consideres cada idea, cada reflexión y sugerencia que he traído a ti en estos blogs, y seguiré trayendo, si tú me lo permites; y a tu conveniencia y propio criterio la hagas parte de un efectivo y muy personal plan de acciones.

Algo que frecuentemente puede impedirte pasar de la intención a la acción: las excusas, empezando por decidir cuándo empezar, pues siempre dejamos para mañana lo que hoy podemos realizar. ¡Ojo! Saber identificar en qué estás fallando es llevar recorrida la mitad del camino, actuar es la otra mitad.

Solo a través de los resultados sabrás si en realidad has cambiado, lo importante es empezar por tener la intención de hacerlo.

Cuando comiences a hacer cosas diferentes, regreses a estudiar, apliques  a un nuevo trabajo,  empieces a comer de manera sana, a dar voz a tus sentimientos, podrás percibir que como todas y cada una de estas acciones está dando un nuevo sentido a tu vida.

Nuevas oportunidades se presentaran, nuevos amigos, tendrás una diferente perspectiva respecto de tus pendientes a resolver y muy pronto descubrirás que tu vida no es más la misma repetición de lo que no funciona.

¡Comprométete, haz lo que se necesite y ten lo que quieras!

 

 

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La envidia

Al igual que la impaciencia, la envidia te aleja del camino a la espiritualidad y, en su lugar, absorbes niveles considerables de destrucción. Sin darte cuenta atraes hacia ti todo lo malo que le deseas a quien envidias.

Es frecuente que comparemos los éxitos profesionales y materiales de otros con los nuestros, sin detenernos a considerar que  las circunstancias y condiciones de cada quién pueden ser radicalmente diferentes, aun viniendo de la misma familia, escuela, colonia, pueblo o país.

Respeta tu individualidad y resístete a la comparación, al deseo de tener lo que otros tienen o de ser como los demás son.

La envidia siempre te quitará el control de tu vida y lo pondrá en manos de quienes envidias.

Haz una lista de los logros en tu vida, recordarlo te dará la confianza necesaria para ir en busca de otros más grandes.

 

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Como piensas, te sientes… ¡te lo aseguro!

Por fortuna, la ciencia médica ha empezado a reconocer la importancia del equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu, aceptando que nuestro modo de pensar, sin duda afecta a nuestro organismo tanto como la alimentación y el ejercicio. Cada vez hay más médicos preocupados por sugerir a sus pacientes pensar positivamente y tratar de armonizar su ritmo de vida como apoyo a una mejor y más rápida recuperación. Incluso recomiendan ejercicios de relajación y meditación en algunos casos.

 

Investigaciones médicas han demostrado que a través de pensamientos o recuerdos positivos los enfermos logran enormes beneficios mejorando su sistema inmunológico y, por tanto, su recuperación es más rápida.

Escapar de los pensamientos negativos no es fácil y lleva tiempo. Digamos que se requiere de practicar día a día cada vez que éstos vienen a la mente. Te sugiero tomar control sobre esos pensamientos negativos y llevarlos al lugar opuesto.

Algunos especialistas recomiendan ejercitar los siguientes tres pasos:

  1. Trata de no tomar como algo personal todo lo que sale mal (“¿Por qué a mí?”).
  2. No tomar un mal momento por un suceso permanente (“¡Nunca se resolverá!”).
  3. No exagerar situaciones que se dificultan (“¡Todo se arruinó!”).

Si te explicas los sucesos de tu vida en forma de pensamientos negativos con seguridad empobrecerás tu vida física, mental y espiritual.

Recuerda, una mente positiva te mantiene sano. Busca lo bueno en cualquier circunstancia y tendrás una vida larga y saludable.

 

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Escuchar con compasión

He mencionado la importancia de comunicar nuestros sentimientos, de no guardarlos, de aclarar siempre los malos entendidos y nunca arrepentirnos de no haberle dicho a alguien lo mucho que lo amamos; de escuchar con compasión

Algunos psicoterapeutas de pareja afirman que en la mayoría de los divorcios, contrario de lo que comúnmente se piensa, el principal problema no es el dinero, la infidelidad o la falta de amor sino el deseo de ganar para demostrar quién tiene la razón.

Es muy triste ver que estas parejas no buscan entenderse sino solo ganar. Esto los lleva a ignorar o a traicionar sus propios sentimientos, lo cual desencadena hostilidad, competencia, desesperación, rompiendo con esto todo puente de comunicación posible.

Tal vez ganar los hará sentirse fuertes y a salvo, pero solo por un tiempo porque seguramente lo que habrán ganado no es exactamente lo que deseaban en su fuero interno.

Proponer un ambiente de colaboración, de entendimiento y, sobre todo, escuchar con compasión y respeto es el mejor camino a una resolución pasiva para el bien de todos los integrantes de la familia. Dejar de pensar que ya sabes lo que dirá la otra persona y de ensayar una respuesta, te permitirá entender algo que no habías querido escuchar y que hoy te hace comprender algo más. Aun sin estar de acuerdo podrás tener un mejor entendimiento de la situación si logras expresarte y escuchar con la única idea de que se resuelva el conflicto.

Cuando ambos se comprometen a entender el punto de vista de cada uno, se crea una atmósfera de confianza y seguridad que promueve el deseo de trabajar juntos en la resolución del conflicto y se disuelve el deseo de pelear.

Sé que no es fácil, mucho menos si llevas tiempo con determinado problema. Sin embargo, inténtalo poco a poco. Estoy seguro de que cuando veas los resultados desearás continuar con esta nueva forma de escuchar con compasión, con la única intención de resolver y no de ganar.

 

 

 

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Salud mental en el trabajo

Con frecuencia encuentro personas que expresan cansancio y pesar por su trabajo, que se quejan permanentemente de que no les alcanza el tiempo para terminar todo lo que tienen que hacer, que nunca encuentran tiempo para ellos mismos. Y peor aun su actitud demuestra que viven convencidos de que así es la vida. Al mismo tiempo estas personas son  difíciles de tratar, o muy susceptibles y no se dan cuenta – para nada – o no les importa,  lo molesta e incómoda que resulta su actitud para los demás.

Lo curioso es que en el mismo lugar de trabajo, en el mismo ambiente y tipo de labor, otras personas con presiones, responsabilidades y horarios similares tienen otra actitud ante su vida, estas  viven y consideran su experiencia laboral de forma más tranquila e interesante. Incluso en muchas ocasiones son más productivos.

 

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El Silencio alivia…ahora te digo por qué y cómo

Aquietar mi mente y mantenerla en silencio es algo que disfruto enormemente.

Tanto como me es posible procuro encontrar momentos para estar a solas, concentrarme en mis respiraciones y tratar de poner mi mente en blanco. Algunos días resulta más fácil que otros, pero siempre lo intento. Este ejercicio me proporciona calma y me da una perspectiva más clara de los asuntos que debo resolver.

Algunas personas practican la meditación con este mismo fin. Si tienes la oportunidad o deseas practicarla podría ser una experiencia enriquecedora y si no el simple hecho de dedicarte unos minutos a solas, ya sea al inicio, en medio o al final del día, en un espacio tranquilo y en silencio mental, será una enorme ayuda en el transcurso de tu día.

No luches de manera incesante cuando varios pensamientos, pendientes o preocupaciones te asalten en este momento; déjalos pasar, no te angusties. Cada vez que suceda, trata de concentrarte en tu respiración, observa tus inhalaciones y exhalaciones, cada segundo, cada minuto, de inicio a fin. Las primeras veces inténtalo tan por solo tres minutos, y poco a poco y a tu ritmo irás aumentando el tiempo según te sea posible.

Es probable que al principio no te sientas muy seguro del poder curativo que este ejercicio dará a tu mente al permanecer tan sólo 3, 5 ó 10 minutos en silencio, pero si lo practicas realmente conocerás el poder que tiene.

El silencio y la quietud mental reducirán el estrés en tu vida y, con ello, se te ocurrirán nuevas ideas, tu mente se abrirá, volviéndose receptiva, al mismo tiempo que se fortalecerá. Te sorprenderá comprobar cuánto se te facilitará resolver situaciones difíciles.

Empieza ahora, en cualquier momento que sientas presión o estrés en tu día, sepárate física y mentalmente de lo que suceda a tu alrededor. Dedícate 3 ó 5 minutos a solas observando tu respiración al pie de la letra. Créeme, desearás repetir la experiencia.

¡Ojo! No esperes a que se dé milagrosamente el momento, búscalo tú. Es tu decisión.

 

 

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