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El blog de Mariano

¡Honestidad!

¡Qué hermosa palabra! pero ¿qué tanto nos dedicamos a honrarla?

Yo creo que si en algo es experto el ser humano es precisamente en engañarse a sí mismo. ¿La razón? No querer enfrentar la verdad de las cosas porque ello implica, en muchos casos, aceptar, resignarse, esforzarse, luchar.

En este terreno nuestra mente se vuelve un arma poderosa. Basta que le demos la orden del tipo de película que deseamos sea nuestra vida, y ella se encargará de inmediato de elaborar el guión perfecto.

La honestidad es el atrevernos a hacernos las preguntas más duras y tener el valor de contestarlas con la verdad. Y en esta verdad va todo nuestro entorno, creencias, deberes, responsabilidades y postura ante la vida.

De ninguna manera resulta fácil lo sé, pero si deseamos una vida en armonía es necesario ser honestos con nosotros mismos y con los demás.

A veces pensamos, equivocadamente, que con negar la realidad ésta desaparecerá. La verdad es que no puedes cambiar lo que no aceptas, y si no lo cambias, cada vez se volverá peor.

Un fumador no dejará de serlo hasta que lo acepte, un matrimonio disfuncional no mejorará hasta que los esposos reconozcan que hay problemas, no cambiarás una actitud que te lastima hasta que la reconozcas.

A nadie le gusta que haya problemas y cuando éstos se presentan los esquivamos, los disfrazamos, los guardamos en el closet del estrés y dejamos que el tiempo pase y a veces lo logramos; pero solo temporalmente, porque tarde o temprano volverán a exigir nuestra atención.

El fracaso en lo que hacemos es la forma en que la vida nos muestra que estamos actuando de manera equivocada. 

 

#PiensaPositivo

¡Qué hermosa palabra! pero ¿qué tanto nos dedicamos a honrarla?

Yo creo que si en algo es experto el ser humano es precisamente en engañarse a sí mismo. ¿La razón? No querer enfrentar la verdad de las cosas porque ello implica, en muchos casos, aceptar, resignarse, esforzarse, luchar.

En este terreno nuestra mente se vuelve un arma poderosa. Basta que le demos la orden del tipo de película que deseamos sea nuestra vida, y ella se encargará de inmediato de elaborar el guión perfecto.

La honestidad es el atrevernos a hacernos las preguntas más duras y tener el valor de contestarlas con la verdad. Y en esta verdad va todo nuestro entorno, creencias, deberes, responsabilidades y postura ante la vida.

De ninguna manera resulta fácil lo sé, pero si deseamos una vida en armonía es necesario ser honestos con nosotros mismos y con los demás.

A veces pensamos, equivocadamente, que con negar la realidad ésta desaparecerá. La verdad es que no puedes cambiar lo que no aceptas, y si no lo cambias, cada vez se volverá peor.

Un fumador no dejará de serlo hasta que lo acepte, un matrimonio disfuncional no mejorará hasta que los esposos reconozcan que hay problemas, no cambiarás una actitud que te lastima hasta que la reconozcas.

A nadie le gusta que haya problemas y cuando éstos se presentan los esquivamos, los disfrazamos, los guardamos en el closet del estrés y dejamos que el tiempo pase y a veces lo logramos; pero solo temporalmente, porque tarde o temprano volverán a exigir nuestra atención.

El fracaso en lo que hacemos es la forma en que la vida nos muestra que estamos actuando de manera equivocada. 

 

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Cuando de comer ser trata, olvidamos nuestra digestión

Los especialistas en salud aseguran que una buena digestión nos ayuda a mantener un cuerpo ligero y en buen funcionamiento.

Pero comemos, nunca nos detenemos a pensar en cómo nuestro cuerpo digerirá lo que hemos elegido poner en nuestra boca o la cantidad de energía que necesita  para distribuir los nutrientes de cada alimento, así como deshacerse de todo lo que no nos sirve o hace daño.

Muchas personas se quejan de padecer inflamación de vientre, exceso de gases, acidez estomacal y estreñimiento unas de tantas molestias causadas simplemente por una mala digestión. Es así que una enorme industria farmacéutica se enriquece al producir “medicamentos” enfocados al alivio “temporal” de estos malestares.

Si sufres de acidez y te tomas una de estas pastillas “mágicas” pero tus malos hábitos persisten, no estás atendiendo de manera inteligente las señales que tu cuerpo está enviando a través de estos primeros síntomas, solo estás  adormeciendo el malestar, así como tu responsabilidad respecto tu salud.

El propósito fundamental de la alimentación es proveernos de energía vital. Energía para pensar, caminar, ser creativos, correr en el parque con nuestros hijos, trabajar... Y digerir nuestros alimentos. Tú decides si deseas gastar toda tu energía en digerir lo que comes y quedarse sin fuerzas para  lo demás.

Los alimentos de difícil digestión son las carnes procesadas, la comida frita, los productos refinados como el azúcar y la harina blanca; así como los químicos empleados como conservadores en alimentos enlatados lo que dificulta una evacuación efectiva y si no se evacua de manera regular, los deshechos permanecen en el cuerpo y lo intoxican. Cuando esto ocurre, se produce una sensación de cansancio y falta de energía.

Te invito a empezar hoy mismo a consumir más verduras frescas  y tomar cuando menos ocho vasos de agua al día.

Imagina cuál sería tu imagen cuando empieces a sentirte bien, más ligero, con más energía, más contento… ándale imagínate ahora mismo…. imprime esa imagen en tu mente y obsérvala cuantas veces sea necesario.

 

#PiensaPositivo

 

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¿Sabes lo que quieres en tu vida?

Si es lo sabes ¡te felicito!

Y si no, quiero que decirte que saber exactamente lo que deseas es la forma más efectiva de conseguirlo. De esto puedo hablarte con enorme conocimiento de causa, pues de esta forma he podido lograr algunos de mis sueños.

¿Sabes? Yo creo que la mayoría de las personas casi siempre saben lo que NO desean, y lo saben  porque viven por años con lo que los molesta. Cuando se trata de atreverse a cambiar eso que no les gusta, se toman mucho tiempo y a veces la vida entera para decidirse a hacerlo.

Te quiero pedir que por un instante imagines tu vida en un barco que navega sin destino claro, sin rumbo definido. Date cuenta cómo pasas horas, días y años navegando sin sentido, gastando tus recursos más valiosos, tiempo y energía tratando de mantener tu barco a flote mientras te encuentras en altamar. Y todo este esfuerzo lo llevas a cabo sin la ilusión, motivación y  pasión que te produciría el saber a dónde deseas  llegar.

Algunas personas eligen seguir la carrera que sus padres pensaron que sería la mejor para ellos, otras deciden casarse no con quien amaban sino con quien les dijeron que sería un mejor partido y algunos no cambian de trabajo porque nunca saben cuándo es el momento propicio. Lo peor es que todas estas decisiones equivocadas no nos hacen  el camino más fácil como se supone. Tomar el camino supuestamente más fácil implica un mayor esfuerzo, mucho más sacrificios, pues lo que se hace con pasión y gusto resulta más fácil.

Haz caso a tu voz interior, a tu verdadero yo. Diseña un plan y trabaja en él para conseguirlo. Y no olvides ser flexible, es decir, libre de ataduras que dificulten tu camino.

Saber realmente lo que deseas es verlo, sentirlo, olerlo. Te aseguro que cuando definas realmente tu sueño y la forma de conseguirlo, se te facilitará porque tu pasión y deseo harán fluir toda la creatividad y diligencia que necesitarás para lograrlo.

 

 

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¡Cuidar tu cuerpo es amarte a ti mismo!

Tu salud depende principalmente de ti, de tu responsabilidad de atender las señales que tu cuerpo envía. Te sugiero que consideres la posibilidad de llevar a cabo un chequeo general.

Puedes acudir a tu médico familiar  o a tu servicio de salud correspondiente y solicitar un examen de sangre  y de orina, esto te ayudará a prevenir  o detectar alguna enfermedad  y recibir atención inmediata.

En muchos casos los síntomas de enfermedades  serias son fácilmente  confundibles  con el cansancio  por exceso de trabajo o estrés.

Y si acaso llevas algunas semanas o meses con algún o algunos síntomas que te preocupan, se vuelve aún más importante realizar este examen.

Te propongo que antes de ver a tu doctor, te tomes unos minutos a solas y trates de de escribir  en una hoja de papel  -lo más detallado posible- lo que sientes, en qué parte del cuerpo notas algún malestar y desde cuándo, con el fin de que cuando estés al frente del doctor  lo puedas exponer claramente.

No permitas que el miedo te detenga, es posible que descubras algo que no sea grave y de esta forma dejarás de preocuparte  y empezarás a atenderte. Piensa que el hecho de vivir preocupado puede afectar tu salud en el futuro.

 

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La importancia de comer en paz

Hoy quiero invitarte a reconsiderar la gran relevancia que tiene el ambiente en el que realizas tus comidas. La comida es considerada un sacramento y sería maravilloso no olvidarlo en nuestra cotidianidad. Trata de darle el mismo valor que tiene en el primer momento en que se alimenta a un bebé recién nacido o el ambiente de generosidad cuando recibes invitados a comer.

Reúne e involucra a todos los miembros de la familia cuando menos en una comida al día, para poner la mesa, picar una verdura, etcétera. Deja que cada uno elija el menú un día a la semana, no importa si al principio las elecciones no son las más nutritivas, pues con el transcurso del tiempo y en un ambiente de armonía cada integrante de la familia hará su parte en este cambio. Procura que el momento de compartir sentados en torno a la mesa sea significativo y gozoso para todos y, si lo crees apropiado, invita a uno de los integrantes a agradecer los alimentos en voz alta o que cada uno lo haga en silencio antes de empezar a comer.

La interacción con la familia hará más fácil la apreciación y el gozo de estos alimentos y, por supuesto, su ingestión será más efectiva.

Evita a toda costa abordar temas que puedan causar conflicto o tensiones, e interrumpir la comida, como pueden ser  los económicos y de trabajo. En cambio, propicia temas de interés o divertidos para toda la familia y que contribuyan a la armonía de este momento, no importa el tiempo que se disponga para comer, esto siempre será posible si te lo propones.

 

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El carácter, ¿se nace con él o se forma?

Muy posiblemente has escuchado comentarios tales como: “Qué feo carácter tiene él (o ella). “El muy débil y ella fuerte”. Entonces te preguntas ¿en dónde o de dónde se adquiere el carácter?, ¿se nace con él o se hace?, ¿puedo cambiar mi carácter?

¿Qué crees? Hay quienes aseguran que sí y no solo eso, sino que creen – de acuerdo a sus investigaciones - que el carácter se forma poco a poco.

¿Cómo? A través de cada pensamiento, acción y elección que tomamos y algo muy importante: la aceptación de la responsabilidad que esto implica.

Desde la elección de qué vas a comer, con quién te vas a casar, por quién vas a votar, hasta la actitud que eliges ante las adversidades que se te presentan. Con cada cosa que dices o callas, que haces o dejas de hacer, das forma a tu carácter. Se dice que el carácter es quien eres y no lo que eres. Es tu comportamiento, tu actuar día a día.

¿Y sabes qué? precisamente ahora estás modificando tu carácter al estar leyendo este mensaje y atreverte a conocer las diferentes alternativas que tienes a tu alcance para iniciar un cambio verdadero en tu vida. Te aseguro que en muy corto tiempo empezarás a notar que no solo tu apariencia empieza a cambiar gracias a tus rutinas de ejercicio o cambios en tu alimentación, sino también tu carácter y tu percepción de las cosas y personas que te rodean.

No te resistas a reconocer que el único responsable del carácter que tienes eres tú mismo. Empieza por  controlar tus decisiones erróneas en algunas áreas de tu vida y te aseguro que te agradará descubrir  que no naciste con este carácter que no te gusta y que solo de ti depende cambiarlo. Tú decides si  quieres seguir siendo débil, fuerte, decidido, inseguro, dulce, amargado,  víctima o triunfador.

Nunca olvides que esta existencia es tu única oportunidad y que entre más pronto retomes las riendas de tu vida, más pronto empezarás a disfrutarla íntegramente.

 

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Amor a tu cuerpo, pasión a tu vida

Es primordial que nos alimentemos con sentido, amándonos y respetándonos, sintiendo pasión y compromiso por nuestra vida, y no pesar o disgusto.

Hoy como adultos, no podemos ya depender de nuestras madres como lo hicimos de niños. Bien o mal, con o sin intención, ellas ya hicieron su parte. Ahora es nuestro turno el elegir  cómo alimentarnos.

Para la mayoría de las personas, la palabra nutrición tiene un sentido equivocado, pues consideran que solo aquellos que padecen alguna disfunción en su cuerpo requieren nutrirse. No obstante, estoy seguro de que has conocido casos de mujeres que durante el embarazo se les diagnostica anemia o desnutrición y se les requiere modificar su dieta, así como tomar suplementos vitamínicos con el fin de corregir esa deficiencia. Si de vez en cuando todos tuviéramos que hacernos exámenes clínicos como los que se practican a las mujeres embarazadas, la mayoría se sorprendería de los niveles de desnutrición que muestra su organismo.

Si inicias el cambio a una mejor calidad de vida,  poco a poco desarrollarás un verdadero amor a ti mismo y, por consiguiente, a tu cuerpo, reconocerás lo que vales y lo que mereces.

¡Anímate! Y piensa que por minúsculo que sea el cambio que decidas, éste representará  un enorme beneficio para tu salud; ya sea que tomes agua durante el día, o que camines por lo menos una vez a la semana, o que intentes incluir alguna verdura cruda en tu dieta. Cualquiera que sea la iniciativa, estarás dando el primer paso y eso es lo más importante.

Sé que sería maravilloso que una de estas noches te fueras a la cama como regularmente lo haces, muy cansado, adolorido, sin ánimo, y de pronto, como por arte de magia, despertaras al día siguiente lleno de energía, con ganas de ir a trabajar, animoso e ilusionado de pies a cabeza. Pero no, esta transformación requiere de trabajo y de decisión. Hasta hoy, a pesar de todos los vitamínicos y productos energéticos que se venden en el mercado, ninguno de éstos hace el milagro que logra la perseverancia en el cambio de elecciones y actitudes personales.

Ningún cambio es fácil, aun cuando sabemos que traerá bien a nuestra vida.

 

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Las famosas expectativas

¡Cuántas  falsas expectativas te hiciste sobre tu nuevo trabajo! ¡Cuánto esperaste de esa persona x !, y así al infinito… ¿Cuántas veces, incluso en un mismo día, escuchamos o pronunciamos la palabra expectativa? Pero no la pensemos como una simple palabra, veamos todo lo que ésta implica.

Una expectativa crea una atadura, un deseo, una esperanza de algo que supuestamente sucederá en un tiempo inmediato. Sin embargo, difícilmente tenemos control alguno sobre el futuro. Y ¿qué es lo que pasa?  Primero nos proveemos del factor preocupación mientras el proceso de esta expectativa transcurre, y después nos frustramos cuando las cosas no suceden como lo esperábamos.

Las expectativas crean en nuestra mente ilusiones de control sobre cosas o situaciones que escapan a ésta, como eventos naturales; las reacciones de personas con sus propias historias y circunstancias, el paso del tiempo y otros tantos factores que influirán en el resultado de lo que vivimos. 

Nos enojamos porque no esperábamos que lloviera en la tarde cuando salimos de la oficina; nos molestamos porque no suponíamos que nuestro jefe reaccionara de tal  manera ante cierta situación; no creímos que pasara tan rápido el tiempo, cuando más lo necesitábamos; nos defraudó nuestro hijo porque no eligió la novia que nosotros habíamos pensado… y así podríamos seguir al infinito llenando nuestra vida de falsas expectativas, de las cuales solo nosotros somos responsables.

Las expectativas alejan la paz de tu mente, te vuelven obsesivo con que las cosas tienen que ser como supones, limitan tu visión sobre el mundo. Te hacen inseguro y temeroso al estar pensando constantemente en la posibilidad de que no resulten como te lo planteas y con ello, contaminas tus emociones, tu juicio y, en muchos casos, tus acciones.

No desafíes lo imposible, deja de inventar el futuro y  no  evadas lo que sí puedes controlar: Tomo como una responsabilidad el razonar, aceptar y respetar la existencia de eventos ajenos a tu voluntad.

Atrévete a pensar  que en muchos casos, lo que consideras un problema, puede ser una simple expectativa equivocada.

 

 

 

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Cambios pequeños, efectos grandes

Tratar de cambiar todo en una sola semana no traerá más que cansancio y desánimo.

Persiste en cambiar tu rutina a través de pasos pequeños. Por ejemplo, bebe un vaso de agua adicional cada semana hasta llegar a los ocho vasos diarios. Ésta es la meta a lograr, aunque es muy probable que al principio te cueste trabajo, tu cuerpo se habituará y, sin darte cuenta, te tomarás los ocho vasos, ahora sí que como dice el refrán: ¡como agua!

Si ya lograste subir y bajar escaleras en vez de utilizar el elevador, y bajarte del autobús o del microbús unas cuadras antes de tu parada para completar el trayecto a pie, te sugiero que le propongas a alguna amiga (o amigo) o tu pareja que emprendan caminatas de 10 a 20 minutos cada tercer día. Este es un ejercicio muy noble pues puedes caminar donde sea, a la hora que te acomode y hacerlo a cualquier edad.

Los expertos aseguran que este ejercicio es benéfico para bajar la presión alta, quemar grasa y mejorar tu condición cardiovascular. Cuando lo hagas, no olvides usar zapatos adecuados, ya sea tenis o algún otro calzado cómodo.

En cuanto realices estos 20 minutos de caminata sin esfuerzo, puedes ir aumentando de 5 a 10 minutos cada semana hasta llegar a la meta de una hora. Te sugiero que desde el principio lleves un registro de la fecha y el tiempo caminado. Si eres constante, cuando leas tus notas unos meses después te sorprenderás de lo que has logrado y ello te motivará a seguir adelante.

Te voy a dar una idea simple y divertida: una buena forma de hacer ejercicio es jugar. Sí, ¡jugar! Algunos adultos piensan que jugar es solo para niños, pero piensa por un momento y creo que estarás de acuerdo conmigo en que cuando te decides a hacerlo, incluso por accidente, te sientes rejuvenecido. ¿Me equivoco? Tal vez recuerdes algún día de campo en que alguno de los participantes te retó a echarse unas carreritas para ver quién hacia menos tiempo en cierta distancia, o bien se organizó un partido de voleibol o de fútbol en que la idea siempre fue jugar para divertirse, y así fue que reíste a carcajadas al mismo tiempo que, sin duda, hiciste mucho ejercicio: ¡la combinación perfecta! 

 

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