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El cambio climático nos vuelve violentos

Los cambios en el clima están ligados a un aumento de los conflictos sociales y la violencia en todo el mundo, según concluye un estudio estadounidense de la Universidad de California y la Universidad de Princeton.

El trabajo muestra que el clima terrestre afecta a las relaciones humanas más de lo que se pensaba. Se comprobó, sobre todo, con conflictos domésticos.

Los investigadores también identificaron una relación entre el incremento de las temperaturas y los choques étnicos en Europa y las guerras civiles en África. En general, el aumento de la temperatura siempre aparecía relacionado con un aumento de la violencia personal (un 4%) y de los conflictos entre grupos (un 14%).

Aunque aún queda por determinar las causas de esta relación, las primeras hipótesis apuntan al aumento de la presión sobre los recursos y a una respuesta biológica agresiva frente al calor.

Los científicos advierten que los cambios futuros en el clima afectarán negativamente a las sociedades humanas, y que si como están previsto la temperatura global asciende 2 grados esto podría generar un aumento considerable de las guerras civiles en el mundo.

 

#PiensaPositivo

Fuente: Agencias

Los cambios en el clima están ligados a un aumento de los conflictos sociales y la violencia en todo el mundo, según concluye un estudio estadounidense de la Universidad de California y la Universidad de Princeton.

El trabajo muestra que el clima terrestre afecta a las relaciones humanas más de lo que se pensaba. Se comprobó, sobre todo, con conflictos domésticos.

Los investigadores también identificaron una relación entre el incremento de las temperaturas y los choques étnicos en Europa y las guerras civiles en África. En general, el aumento de la temperatura siempre aparecía relacionado con un aumento de la violencia personal (un 4%) y de los conflictos entre grupos (un 14%).

Aunque aún queda por determinar las causas de esta relación, las primeras hipótesis apuntan al aumento de la presión sobre los recursos y a una respuesta biológica agresiva frente al calor.

Los científicos advierten que los cambios futuros en el clima afectarán negativamente a las sociedades humanas, y que si como están previsto la temperatura global asciende 2 grados esto podría generar un aumento considerable de las guerras civiles en el mundo.

 

#PiensaPositivo

Fuente: Agencias

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¿Nuestra esperanza de vida alcanzará los 150 años?

En últimas fechas, los medios han difundido que en poco tiempo nuestra esperanza de vida alcanzará los 150 años. En efecto, los científicos vaticinan un extraordinario alargamiento de nuestra expectativa de vida, ¿pero, será tan espectacular como dicen? ¿Cuáles serán los avances que, supuestamente, nos permitirán vivir tanto tiempo?

Algunos científicos, como el biofísico Gregory Stock, aseguran que la primera persona que alcanzará los 150 años probablemente ya está entre nosotros. 

Otros investigadores, como el biólogo William Haseltine, no son tan optimistas, y creen que sólo podrán alcanzar esta esperanza de vida las personas que nazcan a partir de 2050. 

En cambio, según el académico ruso Valeri Chereshnev, a partir 2050, podremos vivir hasta los 120 años. En una mesa redonda sobre gerontología en Ekaterimburgo, el científico enfatizó que estas cifras sólo se cumplirían en países desarrollados, en los que la esperanza de vida ronda, actualmente, los 80-82 años.

Esta última opinión es quizás la más compartida por la mayoría de científicos. ¿Pero, si alcanzamos los 120 años, cual será nuestro estado físico y mental? en realidad, no se sabe.

Carlos López-Otín, el bioquímico que halló la llamada molécula clave de la longevidad, la DOT1L, aseguró a la Vanguardia que:

“La prioridad de la ciencia deba ser ayudar a que los humanos superen récords de longevidad, sino resolver problemas médicos que comprometen la vida de muchos millones de personas. La medicina regenerativa, tal y como la concebimos, no está diseñada para alargar la esperanza de vida, agrega.

Con estas afirmaciones López-Otín deja claro que las investigaciones no están encaminadas a evitar el envejecimiento, sino a curar o evitar las complicaciones que actualmente limitan nuestra esperanza de vida.

Cuando hablamos de longevidad, estamos hablando de mantener el funcionamiento sincronizado de todo el conjunto de tejidos”, recuerda Purificación Muñoz, investigadora que lidera el Grupo de Envejecimiento y Cáncer del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge de Barcelona. “Todo lo que es terapia regenerativa está enfocada a solventar problemas concretos de tejidos específicos, más que a regenerar el estado general del individuo. Porque esto último es muy difícil. Sería como reprogramar a alguien completamente. Uno puede imaginar que se pueda reactivar la regeneración de la piel de una persona, pero el cuerpo no es sólo la piel”, puntualiza.

Nuestra esperanza de vida reside en nuestros cromosomas, concretamente, en los telómeros. Los telómeros son los extremos de los cromosomas y son fundamentales para protegerlos y estabilizarlos. Con la edad los telómeros se van acortando, con lo que los cromosomas son cada vez más inestables, acarreando una serie de lesiones en nuestro ADN que conllevan, en última instancia, la muerte celular. 

En cierto modo, los telómeros actúan como los protectores de plástico que se colocan en el extremo del cordón de los zapatos para evitar que se deshilachen. Los telómeros, como los plásticos de los cordones, protegen el final de los cromosomas para evitar su deterioro cuando la célula se divide.

Cuanto mayor es la presencia de células con telómeros cortos en el organismo, mayor es el grado de envejecimiento y también de daño celular. La longitud de los telómeros es, por tanto, un marcador de la edad biológica del organismo y está condicionada por la edad, genética y, como no, estilo de vida. Inevitablemente, con el tiempo, los telómeros se acortan, apareciendo una serie problemas asociados al envejecimiento, como el cáncer, problemas cardiovasculares, neurodegenerativos, etc.

Es por eso que la mayoría de expertos tienen claro que los humanos estamos programados para vivir durante un número determinado de años “Por ahora el límite de la especie humana está en 122 años, que es el tiempo que vivió Jeanne Calment”, recuerda López-Otín. “Los cromosomas están protegidos por unas secuencias que se llaman telómeros y que son fundamentales para mantener la integridad de las células. En un proceso normal, las células se van dividiendo para poder ir regenerando los tejidos (el sistema inmune tiene que estar constantemente renovándolas ya que éstas participan en nuestra defensa), hasta que llega un momento en que los telómeros de esas células empiezan a cortarse de forma peligrosa. Las células tienen su propio sistema de equilibrio que marca hasta dónde se pueden dividir con seguridad. Y esas divisiones seguras están íntimamente ligadas con la capacidad de regeneración de los tejidos”.

Y aquí es donde entra en juego la medicina regenerativa, un conjunto de aplicaciones médicas destinadas reparar o reemplazar parcial o totalmente tejidos. Algunos de sus objetivos son hallar una curación de enfermedades sin tratamiento, la regeneración de tejidos dañados por la vejez o por un traumatismo, la creación de órganos para su trasplante o la solución a trastornos genéticos. En definitiva, esta especialidad combina la ingeniería y las ciencias de la salud para fabricar sustitutos biológicos que mantengan, mejoren o restauren la función de órganos y tejidos.

Precisamente, cuando hemos ido aumentando nuestra expectativa de vida, han ido surgiendo problemas de salud relacionados con el envejecimiento. Este tipo de problemas no afloran hasta que no sobrepasamos cierta edad, es decir, cuando los telómeros se acortan y aparecen lesiones en el material genético. La medicina regenerativa pretende solucionar estos problemas de salud reemplazando los tejidos dañados, algo que, evidentemente, contribuirá a alargar nuestra vida.

Aún así, no podemos evitar el proceso envejecimiento. Una cosa es proporcionar un hígado a una persona con cirrosis y la otra doblar su esperanza de vida.

 

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Fuente: BiotecnoBlog

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La felicidad cambia tus genes

Un estudio realizado por la Universidad de California y la Universidad del Norte de Carolina demuestra que el estado psicológico positivo de un individuo influye en la expresión de sus genes. Y lo que es más interesante, los distintos tipos de felicidad tienen diferentes efectos sobre el genoma humano.

Así, el denominado bienestar eudaimónico, es decir, la clase de felicidad que procede de llevar una vida plena y “con sentido”, estimula la expresión de perfiles genéticos favorables en las células del sistema inmune, potenciando bajos niveles de inflamación y una fuerte expresión de genes vinculados a anticuerpos y moléculas antivirales.

Sin embargo, las personas con un bienestar hedonista, que es el tipo de felicidad que procede de la autosatisfacción y la obtención de placer, experimentan todo lo contrario: altos niveles de inflamación y escasos anticuerpos en su organismo. Steven Cole, coautor del estudio concluye que “Los individuos que alcanzan una felicidad hedónica, como ciertos actores y futbolistas famosos, no se sienten psicológicamente ni mejor ni peor que aquellos con felicidad eudaimónica”.

Pero aunque ambos experimentan los mismos niveles de emociones positivas, “sus genomas responden de manera muy distinta“. “El genoma humano es mucho más sensible de lo que imaginábamos al modo en que alcanzamos la felicidad”.

 

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Fuente: Agencias

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Luz nocturna afecta al estado de ánimo

El estado de ánimo depende en gran medida del color de la luz que mantenemos encendida durante la noche, según un estudio que acaba de publicar la revista The Journal of Neuroscience. Así, la luz azul es la que afecta más negativamente al estado de ánimo, seguida de la luz blanca.

Sin embargo, encender una luz roja por la noche reduce los síntomas depresivos y nos ayuda a encontrarnos de mejor humor.

En su estudio, los científicos examinaron el papel de unas células fotosensitivas de la retina, las ipRGCs, que aunque no intervienen en la visión sí detectan la luz y envían mensajes al reloj circadiano corporal, así como a las partes del cerebro encargadas de regular las emociones y el estado de ánimo.

La luz nocturna hace que ciertas zonas del cerebro reciban señales que en la oscuridad no se generan, lo que puede explicar la relación entre exponerse a luz durante la noche y desarrollar depresión, ha explicado Tracy Bedrosian, coautora del estudio.

Este fenómeno es mucho más evidente cuando la luz es azul que cuando la iluminación es roja, ya que las células ipRGCs responden de forma desigual a distintas longitudes de onda.

Para demostrarlo, los científicos trabajaron con hámsteres siberianos. Y comprobaron que, además de mostrar síntomas de depresión cuando se exponían a la luz azul, estos roedores tenían una densidad menor de espinas dendríticas en el hipocampo en comparación con los que estuvieron en la oscuridad.

Las espinas dendríticas son crecimientos similares a pelos de las células del cerebro que se utilizan para enviar mensajes químicos de una célula a otra. Y este cambio anatómico ha sido vinculado previamente a la depresión.

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Mujeres dedican más horas a las tareas domésticas que los hombres

En apenas una década la implicación de los hombres es mucho mayor. Antes las mujeres dedicaban a las tareas domésticas  tres horas diarias más que los hombres y ahora esta diferencia se ha reducido a menos de dos horas, pero aún así la desigualdad es evidente.

España e Italia están a la cabeza de Europa en desigualdad en el hogar según un estudio de la Universidad de Oxford. Todavía un veinticinco por ciento de los hombres no hacen nada en casa y suele ser la mujer la que asume el peso de la casa, sobre todo cuando se trata de un hogar con hijos.

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 Fuente: El País

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ADN de nuestra madre determina cómo envejecemos

Un estudio realizado por el Instituto Max Planck de Colonia (Alemania) ha revelado que la forma en la que envejecemos está condicionada por el ADN heredado de nuestra madre y no sólo por nuestros hábitos o modo de vida.

Este hallazgo demuestra que las disfunciones desarrolladas en nuestro genoma con el paso del tiempo no son determinantes de nuestra longevidad, y sienta las bases para el desarrollo de paliativos para las mutaciones transmitidas por herencia materna.

Los científicos experimentaron durante cinco años con ratones portadores de disfunciones heredadas y disfunciones adquiridas durante su vida, así como con ratones sanos.

Los resultados mostraron que los ratones con disfunciones mitocondriales heredadas presentaban más signos de envejecimiento y menor fertilidad, lo que revela que las alteraciones presentes en el ADN materno, por pequeñas que sean, condicionan en gran medida el desarrollo de patologías durante la vejez.

También mostraron que la combinación de las disfunciones heredadas y las no heredadas puede provocar malformaciones en el cerebro.

El hallazgo servirá como punto de partida del desarrollo de fármacos que reduzcan la toxicidad mitocondrial. No obstante, los científicos inciden en que la predisposición genética no excluye la necesidad de llevar un modo de vida saludable que mitigue los efectos del envejecimiento celular.

 

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Fuente: Agencias

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¡Este 10 de mayo la experta eres tú!

¡Comparte tu mejor consejo con todas las mamás!  

Sé que todos los hijos son diferentes aún dentro de una misma familia, lo que te funciona con uno, no te funciona con el otro. Pero sin duda, hay algo que tú sabes que es efectivo, ya sea para hacerlos comer verduras, para meterlos en la cama a buena hora o como parar esos súper berrinches que les gusta hacer en público.  

¡Este puede ser un buen regalo para tus mamás colegas este 10 de mayo!

Al azar elegiré uno de los textos recibidos y lo publicaré en la página principal de mi sitio este 10 de mayo.

¡Tu texto puede ser el elegido! Envíalo con no más de 200 palabras o media cuartilla a liz@marianoosorio.com con tu nombre completo antes de las 13:00 horas del  9 de mayo, 2018.

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¿Sabes cuál es la ciudad menos religiosa del mundo?

Según Benjamin Beit-Hallahmi, profesor de psicología en la Universidad de Haifa, en Israel, el perfil mayoritario del ateo de hoy en día suele ser un varón, con mayores niveles de educación e ingresos y liberales, pero también más infelices y más alienados de la sociedad.

Para el biopsicólogo y escritor Nigel Barber, estas personas tienen más probabilidades de vivir en una ciudad que no en un área rural, porque las ciudades tienden a ser más prósperas y, como tal, sus habitantes sentirán menos apego a la religión. De hecho, se piensa que para el 2038 la mayoría de los países tendrán menos del 50% de su población pensando que la religión es algo importante para ellos, cruzando lo que este experto llama “el umbral ateísta”.

En una encuesta realizada por WIN / GALLUP en 2015, China fue declarada el país menos religioso del mundo, con el doble de ateos que cualquier otro país (61%). A continuación está Europa Occidental, con un 51% -siendo Suecia, Dinamarca y Noruega los países que lideran estos datos-, seguido de Japón con un 31%.

Si dejamos los países atrás y especificamos en las ciudades, Berlín sería la capital atea de Europa, ya que el 60% de habitantes no se asocian con ninguna creencia religiosa.

Norwich sería una de las ciudades con mayor población atea, que, aunque tenga el 42,5%, sigue por arriba de la media inglesa y galesa, con un 25,1%.

Volviendo a China, Shangái sería la ciudad menos atea del mundo: de sus 24 millones de habitantes, el 86,9% afirma no pertenecer a ninguna religión. Esto podría significar cerca de 21 millones de ateos en una sola ciudad.

 

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Fuente: WIN / GALLUP

 

 

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Bebés aprenden primeras palabras durante el embarazo

Durante la última etapa del embarazo, el feto puede escuchar y retener los sonidos que le llegan a través del vientre materno según un estudio de la Universidad de Helsinki (Finlandia). Los recién nacidos podrían incluso reconocer pseudopalabras aprendidas durante su gestación.

En el estudio, los científicos emplearon sensores encefalográficos para registrar la actividad cerebral de los bebés en el área encargada de la memoria. El experimento se iniciaba en el último trimestre del embarazo, durante el cual la gestante debía reproducir varias veces a la semana una pista de audio con sonidos y voces humanas. Cuando estos bebés nacieron, se les sometió a la escucha de la misma secuencia de sonido y mostraron una señal neuronal de reconocimiento, a diferencia de los bebés del grupo de control. También mostraron más habilidad en la detección de diferencias entre sílabas, tales como la longitud vocálica.

Esta nueva evidencia demuestra que el aprendizaje del lenguaje comienza en el útero y que la capacidad fetal de procesamiento del sonido es mayor de lo que se creía, por lo que resulta fundamental no exponer al embrión a ruidos intensos que sobreestimulen su desarrollo auditivo.

 

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Fuente: Agencias

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La felicidad se transmite por el sudor

La felicidad, es un concepto difícil de medir y explicar, sin embargo, cuando la sentimos, la identificamos perfectamente, no hay duda alguna. 

La felicidad tiene un papel clave en nuestras vidas y por ello, la ciencia ha intentado explicar sus bases químicas así como diferentes formas de potenciarla.

Empecemos por preguntarnos, ¿cómo se transmite la felicidad? Según un nuevo estudio de los Países Bajos, por el sudor, aunque no somos conscientes de ello. Según esta investigación cuando experimentamos felicidad producimos compuestos químicos, o señales químicas, que son detectables por los que huelen nuestro sudor.

El estudio, a cargo de los investigadores de la Universidad de Utrecht y publicado en la revista Psychological Science, afirma que los seres humanos somos capaces de comunicar emociones positivas como la felicidad mediante el sudor o, más concretamente, mediante el olor del sudor.

Nuestras células tienen receptores para ciertas moléculas presentes en el sudor y la existencia de estos receptores indica que las células responden ante las moléculas correspondientes

Así lo explica Gün Semin, psicólogo de la Universidad de Utrecht y autor principal del estudio:

“Nuestro estudio demuestra que la exposición al sudor producido en un estado de felicidad induce un simulacro de felicidad en los receptores, contagiando el estado emocional. Esto sugiere que alguien que es feliz infundirá felicidad a los que están a su alrededor. En cierto modo, el sudor de la felicidad es algo así como una sonrisa contagiosa”.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reclutaron a 12 hombres para obtener muestras de sudor para el estudio, los cuales, no consumían ni alcohol ni drogas; tampoco habían consumido alimentos olorosos ni practicado ejercicio en exceso durante el estudio. Se les colocaron almohadillas absorbentes en las axilas mientras observaban un vídeo pensado para inducir un estado emocional en concreto (miedo, felicidad o neutro).

Posteriormente, 36 mujeres se unieron al estudio, ya que suelen tener mejor sentido del olfato que los hombres y una mayor sensibilidad a sus señales emocionales. En un estudio doble ciego (donde ni el investigador ni la mujer participante sabía que muestra de sudor olería), las mujeres se expusieron a las diferentes muestras de sudor, donde habían tanto miedo como felicidad o neutralidad emocional. Entre cada muestra descansaban 5 minutos.

Los análisis de datos iniciales confirmaron que los vídeos tuvieron influencia en los estados emocionales de los participantes masculinos: los hombres que vieron el vídeo del miedo mostraron una emoción predominantemente negativa a posteriori, y los hombres que vieron el vídeo de la felicidad mostraron una emoción predominantemente positiva.

Los datos de expresión facial revelaron que las mujeres que estuvieron expuestas al “sudor del miedo” mostraron una mayor actividad en un músculo asociado a las expresiones de miedo. En las mujeres que estuvieron expuestas al “sudor feliz” se activaron los músculos asociados a la sonrisa de Duchenne. Se considera que este tipo de sonrisa es especialmente genuina, porque involucra músculos difíciles de manejar a voluntad.

Curiosamente, no hubo relación entre dichas respuestas faciales y la calificación voluntaria y procesada previamente por las mujeres respecto a lo agradable o intenso que les resultó el sudor. En otras palabras, el sudor parecía transmitir las emociones de miedo y felicidad a las mujeres, pero ellas no eran conscientes de ello.

 

 

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Fuente: Agencias

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El chocolate puede hacerte más inteligente

Para que un chocolate pueda ser considerado como tal, al menos el 35% de su contenido debe ser pasta de cacao y no leche y azúcar como la mayoría de los caramelos que puedes encontrar en el mercado. Sin embargo, si lo que en realidad consumes es chocolate auténtico, esta noticia te interesa.

De acuerdo con un estudio publicado en el 2016, en el que se analizó un grupo de 968 participantes, en un grupo etario comprendido entre los 23 y los 98 años, puede asegurarse que la ingesta de chocolate con alguna regularidad a partir de los 18 años, garantiza un funcionamiento mucho mejor del cerebro y de las habilidades cognitivas.

No obstante, en palabras de la nutricionista Sara Abu Sabbah, no es que comer chocolate te haga más inteligente, sino que, le permite a tu cerebro funcionar mucho mejor y en consecuencia se aceleran los procesos de aprendizaje.

Si estás preguntándote por la dosis semanal recomendada, lo ideal sería una porción de no más 30 gramos de chocolate por vez, con una frecuencia máxima tres veces a la semana. Es importante que recuerdes que debe tratarse de chocolate que contenga al menos un 35% de pasta de cacao, aunque entre mayor sea su concentración, mejor será el resultado.

 

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Madrugar, ¿malo para la salud?

Un estudio de la Universidad de Westminster (Reino Unido) alega que madrugar es malo para nuestra salud, demostrando que aquellas personas que se despiertan temprano suelen sufrir mayor estrés, migrañas, dolores musculares, resfriados y mal humor.

Durante la investigación se analizaron a 42 voluntarios, a los que se les tomó una muestra de saliva ocho veces al día durante 48 horas. La primera de estas muestras se tomaba en el preciso momento en el que los sujetos se despertaban y el resultado determinó que la mitad de personas que se levantaban antes de las 7:21 de la mañana tenían un nivel de cortisol -hormona relacionada con el estrés- más elevado y que, además, ese nivel se mantenía durante todo el día. Pero no sólo queda aquí, sino que también se encontró que mantenían peores relaciones sociales, dolores de cabeza y musculares y se resfriaban con mayor facilidad.

Angela Clow, líder de la investigación asegura que “este trabajo es interesante porque aporta datos sobre las bases fisiológicas de las diferencias entre las personas que madrugan y que se despiertan tarde”, y añade: hasta el ahora, despertarse temprano se asociaba a una mayor concentración, y una mayor actividad. Pero resulta que se experimentan más problemas durante todo el día, así como niveles más altos de ira y menos energía al final del día.

Por otro lado, “las personas que se levantan tarde se asocian a un comportamiento más lento y menos ocupado”. Los investigadores también afirman que no se trata de la cantidad de horas dormidas, sino del momento exacto en el que uno se despierta.

 

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Fuente: History

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El enamoramiento sólo dura tres años

Aunque el amor puede durar para siempre, el enamoramiento sólo dura tres años.  Así lo explica el estudio realizado por el Jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría de México, Eduardo Calixto.

“El enamoramiento sólo dura tres años, posterior a este periodo la relación entra a una fase denominada ‘amor compasivo’, en el cual los miembros se conocen más profundamente sin la influencia de las hormonas”.

De acuerdo con el especialista Calixto, cuando se inicia el proceso de enamoramiento se activan nueve áreas del cerebro, para hombres y mujeres, sólo con la diferencia que en los primeros este mecanismo es diferente en cuanto a orden e intensidad.

El principal responsable de la “pasión” que se siente cuando se está enamorado es la dopamina, un neurotransmisor que produce síntomas excitantes y placenteros y tiende a alejarnos de la realidad. También interviene la noradrenalina que es la responsable de que focalicemos nuestra atención en una situación concreta. A esto se le suma una baja en la serotonina que es la que impide los pensamientos obsesivos.

Esta pasión empieza a menguar cuando el cerebro deja de recibir estos estimulantes. Aquí aparece la química del desamor. Sin embargo, cuando esta fase acaba, aún así seguimos segregando endorfinas que provocan una sensación de desasosiego y calma cuando estamos con nuestra pareja y que puede durar toda la vida

Las personas pueden enamorarse hasta siete veces con la misma intensidad de la primera vez. La única diferencia es que su cerebro aprende de cada experiencia.

 

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Fuente: Agencias

 

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¿Existe la media naranja?

Hay mucha gente que siempre confía en su instinto, en las primeras impresiones, en los sentimientos que te despierta alguien nada más verle, saben que es su media naranja, pues no se equivocan. Según un estudio de psicología experimental tenemos que hacer caso a esos sentimientos automáticos ya que son más acertados que los conscientes.

Los sentimientos automáticos, viscerales y más bien inconscientes que tenemos hacia nuestras nuevas parejas tienden a ser acertados. De hecho, son siempre más acertados que los que albergamos con plena consciencia y admitimos abiertamente.

A esta conclusión ha llegado el equipo liderado por el psicólogo James McNulty, de la Universidad Estatal de Florida, tras cuatro años de análisis de 135 parejas heterosexuales, que estaban recién casadas, hasta cuatro años después, haciéndoles un examen cada seis meses por separado.

Entre las pruebas se encontraba por ejemplo el enseñar una fotografía del cónyuge durante solo 300 milisegundos seguida rápidamente por una palabra como “imponente” o “genial” o, por el contrario, con “horrible” o “espantoso”. El sujeto tenía que pulsar una tecla indicando si la palabra encajaba con la imagen o no. En ese escaso tiempo de análisis los sentimientos que fluyen son automáticos.

El resultado ha pasado todos los filtros estadísticos y ha dejado clarísimo que si queremos saber si nuestra vida de pareja funcionará o no dentro de cuatro años, tenemos que hacer caso a nuestras víceras.

“No estoy seguro de que nuestros lóbulos frontales sean ajenos a nuestras actitudes automáticas”, explicaba McNulty a un medio de comunicación, “pero lo que sí puedo decir es que, a veces, nuestros sentimientos viscerales pueden ser más certeros que nuestros pensamientos más deliberativos”.

 

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Fuente: Agencias

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