Muchas veces mirar las fotos de nuestra infancia nos genera melancolía o tristeza dependiendo el momento en el que nos encontremos, pero es bueno recordar que esas imágenes están relacionadas a un momento de nuestra vida que no debemos olvidar. Según la ciencia, mirar nuestras fotos tiene muchos beneficios porque esas imágenes no solo cuentan una historia, también activan la memoria, regulan las emociones y ayudan a que el cuerpo baje el volumen del estrés.
Un estudio pionero del National Institute for Dementia Education (NIDE) en Estados Unidos señala que las terapias de reminiscencia tienen potencial para mejorar temporalmente y ralentizar el avance del deterioro cognitivo y estas terapias estimulan la memoria evocando recuerdos personales con fotografías, música, olores u objetos antiguos.
“Todo lo que asociamos a emociones positivas y, sobre todo, a vínculo y conexión con seres queridos, activas zonas del cerebro y mecanismos de nuestro sistema nervioso relacionados con la calma y el bienestar”, explica la psicóloga española Laura Palomares, y añade que eso tiene efectos casi inmediatos
Mirar una foto de alguien a quien queremos, ya sea madre, amigo, pareja o, incluso, alguien que ya no está, puede cambiar nuestro estado emocional en cuestión de segundos y esto no es magia sino neurobiología. Las imágenes asociadas a vínculos seguros despiertan respuestas automáticas de calma, explica Palomares y esto es debido a que el cerebro reconoce esa cara, ese momento, esa historia compartida, y envía un mensaje claro al cuerpo de no estar solo, de estar a salvo.
La explicación está en la inhibición del sistema nervioso simpático, el que se dispara cuando estamos en alerta constante. Al mirar fotos, se activa el parasimpático que favorece un estado más relajado, por eso muchas personas notan que, tras mirar ese tipo de fotos, la respiración se calma, el pulso afloja y la ansiedad baja un poco.
Además, las fotografías no solo evocan recuerdos, también reactivan emociones y la experta señala que evocar sensaciones y recuerdos felices, sobre todo los ligados a vínculos amables y seguros, genera reacciones en el sistema límbico, que es el centro emocional del cerebro. En ese proceso, se liberan neurotransmisores como la oxitocina, relacionada con el apego, el bienestar y la sensación de conexión. Al activarse el sistema parasimpático se reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Y eso tiene efectos beneficiosos incluso sobre el sistema inmunológico.
Fuente: tn