¿Te ha pasado que llegas agobiado, con ganas de contar algo que te preocupa, y apenas empiezas a hablar cuando la otra persona ya te está platicando "algo parecido que le pasó a ella"? Te quedas con la sensación de que nunca terminaste de decir lo que en verdad querías decir. Pues resulta que esto tiene nombre en la ciencia, y está más estudiado de lo que imaginas.
El sociólogo Charles Derber grabó y transcribió cientos de conversaciones cotidianas —en su investigación original analizó nada menos que 1,500 interacciones cara a cara— y descubrió que existen dos tipos de respuestas cuando alguien nos comparte algo. La primera es la "respuesta de desvío": en lugar de quedarnos con lo que el otro siente, regresamos la conversación hacia nosotros mismos. La segunda es la "respuesta de apoyo": la que anima a la otra persona a seguir contando, a sentirse escuchada de verdad.
Un ejemplo súper claro que usa Derber: si alguien te dice "mi perro se perdió y tardamos tres días en encontrarlo", una respuesta de desvío sería "pues el mío le tiene miedo hasta a su sombra, por eso nunca se aleja de la casa". En cambio, una respuesta de apoyo sería simplemente: "qué angustia, ¿al final dónde lo encontraste?" A este patrón, cuando se vuelve costumbre, se le conoce como "narcisismo conversacional", y lo curioso es que casi nadie lo hace con mala intención; muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.
Y hay un dato que le añade peso científico al tema: investigaciones sobre inteligencia colectiva han encontrado que cuando unas cuantas voces dominan la conversación dentro de un grupo, el desempeño y las decisiones de todo el grupo empeoran. Es decir, no escuchar no solo lastima a la persona que quería ser escuchada; también nos hace, como equipo o como pareja, tomar peores decisiones.
Lo más interesante es que este "secuestro" de la conversación se vuelve más tentador justo cuando el otro está pasando por algo difícil, porque el silencio y no saber qué decir nos incomoda, y lo más fácil es llenar ese hueco hablando de nosotros mismos.
Reflexión: Escuchar de verdad no es esperar tu turno para hablar; es resistir la tentación de "compartir algo parecido" y, en cambio, hacer una pregunta más: "¿y luego qué pasó?", "¿cómo te sentiste?". A veces la persona no necesita un consejo ni una historia igual a la suya; solo necesita sentir que alguien realmente la está viendo y escuchando.
¿A ti te ha pasado que quieres compartir algo que te agobia y terminan hablándote de lo suyo? O al contrario, ¿te has cachado haciendo esto tú mismo? Cuéntame tu experiencia, me encantaría leerlos.
Mariano Osorio
Piensa Positivo