A veces buscamos la salud en cosas complicadas… cuando podría empezar con algo tan simple como mirar tu plato y preguntarte: ¿de qué color está mi día hoy?
Imagina que alguien te lo dice bajito, casi al oído: no tienes que hacerlo perfecto, solo hacerlo más vivo. Más colorido. Más tuyo.
La idea es sencilla —y poderosa—: mientras más colores haya en tu plato, más variedad de nutrientes le estás regalando a tu cuerpo. No es moda, es sentido común con respaldo de la ciencia: los colores de frutas y verduras hablan de lo que hacen por ti.
Rojo
Ricos en licopeno, un antioxidante que combate los radicales libres. Ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer, enfermedades del corazón y los pulmones, protege la piel del sol, mejora la vista y contribuye a la salud cerebral.
Ejemplos: fresa, frambuesa, tomate, cereza, manzana, sandía, uva tinta, cebolla morada.
Anaranjado y amarillo
Contienen beta-caroteno, que favorece la comunicación celular y puede prevenir ataques cardíacos. Benefician la piel, los pulmones y la vista, además de ayudar a prevenir algunos tipos de cáncer.
Ejemplos: zanahoria, boniato, pimiento amarillo, naranja, mandarina, mango, calabaza, durazno, melón, maíz.
Verde
Aportan compuestos como sulforafano, isocianatos e indoles, con propiedades anticancerígenas que ayudan a inhibir el desarrollo de células dañinas.
Ejemplos: espinaca, aguacate, brócoli, espárrago, kale, repollo, coles de Bruselas, kiwi, pepino, hierbas como menta y albahaca.
Azul y morado
Ricos en antocianinas, antioxidantes que retrasan el envejecimiento celular y protegen el corazón al evitar la formación de coágulos.
Ejemplos: arándano, mora, uva morada, berenjena, ciruela, higo, repollo morado.
Blanco y marrón
Contienen alicina (especialmente en la familia de las cebollas), que ayuda a prevenir tumores, además de flavonoides como la quercetina y el kaempferol, con beneficios protectores para la salud.
Ejemplos: ajo, cebolla, coliflor, puerro, champiñones, rábano.
Aquí no se trata de elegir uno “mejor”. Se trata de sumar. De combinar. De entender que cada color tiene algo que decirte… y que tu cuerpo lo escucha.
Y hay algo bonito en esto: comer así no solo nutre tu cuerpo, también cambia tu relación con la comida. La vuelve más consciente, más presente… más agradecida.
Tal vez no necesitas cambiar toda tu vida hoy. Tal vez basta con empezar por algo pequeño: añadir un color más a tu plato. Porque cuando eliges cuidarte, aunque sea en lo mínimo… ya estás transformando algo importante dentro de ti.
¿Qué color crees que le está faltando hoy a tu vida… y a tu plato?
Mariano Osorio
#PiensaPositivo